La gran desinflación que se avecina será desigual y abrirá una enorme brecha entre EEUU y Europa

 Roberto Santos  17 de agosto, 2022
Photo: BullConomy
Todo apunta a una fuerte desaceleración de la inflación global.
¿Ha llegado la hora de la desinflación? La extraordinaria subida de los precios ha abrasado a las economías de medio mundo durante parte de 2021 y 2022. En este periodo hubo momentos de gran tensión e incertidumbre, puesto que, pese a las optimistas previsiones de la banca central, la inflación no paraba de subir en términos mensuales y anuales, impulsada por los diferentes shocks en la energía, los problemas en la cadena de suministro, la escasez de algunos inputs o la falta de mano de obra (coste laborales). Ahora, la situación podría estar cambiando. Aunque aún estamos muy lejos de cantar victoria, todo hace indicar que la marea inflacionista podría haber comenzado a bajar.

Más allá de los esperanzadores datos de inflación en EEUU y Canadá, varios indicadores adelantados revelan (precios importados, precios al productor, petróleo...) que la economía global iniciará una nueva etapa que podría ser conocida como la gran desinflación. No obstante, habrá grandes diferencias geográficas dentro de ese nuevo entorno, con economías mucho mejor posicionadas que otras para 'disfrutar' del enfriamiento de los precios.

Esto no quiere decir que la inflación vaya a desaparecer. La desinflación solo supone que los precios aumentarán a un ritmo más comedido del que se ha visto en los últimos meses. Es probable que el IPC todavía tarde aún meses o años en volver a la zona del 2% que tienen como objetivo los bancos centrales de los países desarrollados. Sin embargo, las tasas de inflación del 9 y el 10% que se han visto en los últimos meses podrían ser pronto cosa del pasado (los gestores creen también que la inflación va a comenzar a bajar).

Un impacto desigual

Esta desinflación llegará de manera desigual y generar una respuesta de política monetaria divergente, según JP Morgan. "Pronosticamos que el mayor impulso desinflacionario se producirá en EEUU, donde el IPC caerá al 3% en el último semestre, gracias al mayor impacto producto del retroceso de las materias primas y la disminución de las restricciones en la cadena suministro mundial, que se magnificarán por la fortaleza del dólar y la caída de los precios mayoristas de la gasolina".

Por otro lado, las economías emergentes también deberían disfrutar de una desinflación importante, en parte debido a una moderación sustancial en la inflación de los precios de los alimentos. Aunque todas las regiones deberían contribuir a este descenso, "anticipamos que el CE-4 (República Checa, Hungría, Polonia y Rumania) finalizarán el año en la parte superior de la tabla de clasificación de inflación mundial con unos IPC medios superiores al 13% en el segundo semestre", auguran los analistas de JP Morgan. Dos fuerzas clave que mantienen más alta la inflación CE-4 (el aumento de los precios del gas natural y la depreciación del euro) también deberían limitar cualquier moderación en Europa occidental, donde JP Morgan espera que el IPC promedie un 7,7% anual.

Los expertos de JP Morgan creen que la desaceleración de la inflación se basará en dos factores recientes. Primero, el rápido aumento de las materias primas energéticas, que fueron impulsoras clave de este fenómeno, ha comenzado a revertirse. Los precios del petróleo crudo han bajado un 20% desde su pico y los precios de los alimentos de la FAO han bajado un 11% durante junio y julio. "Nuestros modelos apuntan a una fuerte desaceleración en la inflación mundial de alimentos a un 6% anual en cuarto trimestre de 2022 de subir un 14,5% en el último trimestre". Por otro lado, estos expertos esperan que el IPC de energía se estabilice en los próximos trimestres.
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